En estas propuestas, el diseño ecológico se aleja de lo evidente para explorar procesos donde la materia recuperada adquiere un nuevo sentido. A través de gestos intuitivos y colaboraciones que parten de lo cotidiano, los objetos se construyen desde lo descartado, revelando la capacidad de transformación que habita en los materiales. Entre raíces que emergen como estructuras de luz y fragmentos marinos que encuentran una segunda vida, estas piezas no sólo reducen su impacto, sino que proponen una mirada más consciente: entender el diseño como un ciclo continuo donde lo invisible, lo residual y lo orgánico se convierten en protagonistas.
Lo que sostiene la luz
Cuando lo invisible toma forma
Texturas irregulares, curvas que parecen brotar desde la tierra y una superficie que invita a tocar antes que a mirar. Los Candelabros Raíz traducen la fuerza invisible de las raíces en estructuras que sostienen la luz desde abajo, recordando que lo esencial rara vez ocupa el centro de la escena. La pieza se construye con tubos de cartón recuperados y alambre como esqueleto interno, recubiertos con papel reciclado transformado en papel maché y modelado a mano. Sin moldes rígidos, cada curva se define de manera intuitiva, permitiendo que la materia conserve su carácter crudo y orgánico. Lo descartado deja de ser residuo para convertirse en base y permanencia. El proyecto forma parte de la búsqueda de Abitante, fundado por Ana Tron, quien explora procesos más conscientes donde el diseño reduce su huella sin renunciar a la intención estética.
Vestigios que iluminan
Del mar a la mesa, de la materia a la memoria
Hay materiales que llegan al diseño con historia propia. En Fragmentos de Mar, la firma Studio Davidpompa, junto a Contramar, convierte conchas descartadas en un nuevo compuesto que da forma a una serie de lámparas escultóricas. El proyecto, presentado durante la Semana del Arte en Ciudad de México 2026, parte de un gesto sencillo pero potente: recuperar los restos del mar que llegan a la mesa y devolverlos al espacio como luz. Las conchas se trituran, se transforman y se consolidan en un material que conserva textura, densidad y origen. Más que reciclar, la colaboración construye una narrativa circular. El recorrido es claro: del mar a la cocina, de la cocina al objeto, del objeto a la memoria colectiva. La luz no aparece como adorno, sino como vehículo para hablar de transformación, de fragmento y de permanencia.



