En México, el color no se elige. Ocurre. Emerge de la madera, del mar, del papel, de la luz que entra por un óculo. Es consecuencia de un material, de un clima, de un proceso que nadie del todo controla. Aquí, el color siempre ha funcionado así: no como decisión, sino como resultado de algo vivo.
ARTISTA + OBJETO
Papel, tijeras y nada más
Ale Díaz fue la niña de los plumones. En la escuela siempre terminaban quitándoselos porque se distraía demasiado, lo cual, visto en retrospectiva, dice más de la escuela que de ella. Su material es el papel: frágil, accesible, generoso. Un soporte que, según sus propias palabras, le permite crear e improvisar con libertad. De ahí han salido cuadros, arreglos florales para ramos de novia, sets de fotografía, escaparates, pájaros y animales que habitan instalaciones y casas por igual.
Su práctica parte de una decisión que parece simple y no lo es. No mezcla, no pinta, no inventa tonos nuevos. Toma hojas que ya tienen su color y deja que la forma emerja de ahí.
BOTÁNICO
Lo que el mar dejó
Durante años, el sargazo fue sinónimo de playa arruinada. Esa masa café dorada que llegaba a las costas del Caribe sin avisar, tapizando el agua y ahuyentando el turismo. Nadie lo invitó y nadie sabía qué hacer con él.
Investigadores del CFATA de la UNAM encontraron otra forma de verlo. Un solo gramo de sargazo puede remover los contaminantes de hasta cinco litros de agua: metales pesados, colorantes tóxicos, fármacos. Lo que el mar arrastra, el sargazo lo filtra. Un alga que llegó como problema y resultó ser, entre otras cosas, un filtro. El color que mancha también limpia.
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OBJETO MEXICANO
Surcos en la Madera
Cada tabla tiene sus propias vetas, sus propios contrastes, su propia energía. No existen dos iguales y esa singularidad es la que dicta la forma de cada pieza. Francisco León no llega al taller con una idea fija, sino con una pregunta. A veces es una emoción, a veces un detalle arquitectónico que no se va. Pero es la madera la que toma el mando. Cada corte revela un camino posible, cada surco profundiza un tono que ya estaba ahí desde que el árbol era árbol. El objeto no se adapta a quien lo ve; le pide que se adapte a él.
ARTE
ZDA en 296 páginas: del objeto a la ciudad
Yuri Zagorin pensaba que sería diseñador. Terminó siendo arquitecto, pero para él la distinción nunca fue del todo clara.
Un objeto, una casa y una ciudad son la misma pregunta a distintas escalas, y la respuesta siempre empieza por escuchar lo que el material quiere ser. Yuri Zagorin / ZDA / 25, editado por Arquine, reúne 25 años de esa escucha.
Las Rocas, piezas de madera recuperada donde cada veta dictó una curva. El rosa encendido del vestíbulo de Casa Kiki, que no se eligió, sino que se encontró. Los volúmenes de Etre, tejidos con una zona que la ciudad había olvidado. Tres escalas, una convicción: la arquitectura no termina en la fachada. Hacer una mejor banqueta ya es hacer ciudad. Y hacer ciudad, para Zagorin, es hacer personas.
ESPACIO RESIDENCIAL
Paredes color tuna cardona
Hay colores que decoran y colores que definen. El rosa de Casa Cardona, en San Luis Potosí, hace lo segundo. No llegó de un muestrario, sino de la tuna cardona, ese fruto del desierto potosino cuyo tono cambia con la luz del día. La pared lo recuerda cada hora.
Sensacional Dinámica Mexicana diseñó un espacio donde el color no está aplicado, sino habitado. El rosa envuelve muros, vigas y barandales sin distinción, y en lugar de agotar, contiene. Lo hace más cálido. Lo hace más íntimo. La madera, el concreto y el barro del piso no compiten con él, respiran dentro de él.
Un color que no se eligió. Se encontró afuera y se trajo adentro.
TEXTIL
Una fibra, mil tonos
El color del lino no lo decide quien lo teje, sino quien lo cultiva. El momento de la cosecha, la temperatura del agua en que se remoja, el nivel de nitrógeno en la tierra: todo deja una huella en la fibra. Cosechado temprano tira a verde amarillento; tardío, a café cálido; procesado en agua fría adquiere un matiz ligeramente azul. Incluso sin teñir, no existen dos linos exactamente iguales. Por eso cada mantel, cada funda, cada cortina carga algo del lugar y el tiempo en que nació la planta. Un textil que llega a la casa con historia propia.





