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Un showroom personal

La remodelación del Departamento T surgió de la necesidad de un cambio radical en el espacio para reflejar un nuevo capítulo en la vida de su propietaria.

El departamento ocupa todo el octavo piso de un edificio en el corazón urbano de la Ciudad de México, un refugio del clamor de las calles. La remodelación giró en torno a la personalidad y necesidades particulares de la propietaria, sin requerir mucha privacidad entre las habitaciones. Detalles divertidos, como una pintura de vibrante amarillo como remate visual, crean acentos en el estilo limpio y sofisticado del color blanco que predomina y homogeniza la atmósfera del proyecto. Un elevador sube hasta la puerta de acceso, donde un plafón de tela tensada llena de luz blanca el vestíbulo. El tradicional comedor cerrado se transformó en un área abierta y, aprovechando la luz natural al máximo, se integró al resto de la estancia.

Arcos de herrería negra, de impecable manufactura artesanal mexicana, conectan la cocina tanto con la estancia como con el vestíbulo y aportan un toque clásico en una transición de tintes contemporáneos. En la cocina, las cubiertas son de granito eclipse y los gabinetes tienen integrados electrodomésticos de alta gama, mientras que las lámparas escultóricas son el punto focal del espacio. Una cocina cerrada para la preparación gruesa sirve como complemento a la cocina principal, pensada para atender y recibir.

El tradicional comedor cerrado se transformó en un área abierta y, aprovechando la luz natural al máximo, se integró al resto de la estancia.

Dramáticos contrastes marcan el recorrido: negro sobre blanco, mármol pulido junto a madera de nogal, elementos modernos en entornos clásicos. Estos contrastes jugaron un papel importante a nivel conceptual: paneles entintados en negro definen las circulaciones entre áreas públicas y privadas, mientras que colores neutros dominan las áreas de estar. Tres balcones acercan el departamento al exterior: uno en la cocina, otro en el estudio y un tercero, el más grande de todos, que comparten la estancia y la recámara principal; éste cuenta con una intervención de paisajismo de Pedro Sánchez que logra fusionar la vegetación con la atmósfera interior.

Además de la selección de mobiliario italiano, se diseñaron piezas a medida para la estancia, recámara y estudio. La monocromía de blancos en las habitaciones resalta las atmósferas que rompen con esa premisa: el vestidor principal, por ejemplo, fue concebido como un showroom personal con un tinte vintage. Los espejos en bronce remiten a una boutique haute-couture privada y resaltan las luminarias del plafón, confeccionadas con tela tensada.
El piano de la estancia y algunas obras de arte son, por su valor sentimental, de las pocas piezas que se conservaron del estado previo a la intervención. Sin embargo, el resto de este proyecto de interiores se inspiró en una fusión de estilos parisino y neoyorquino, dando como resultado un departamento chic, sofisticado y original.

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