Hay casas que se restauran para conservar su historia y otras para comenzar una nueva. Esta residencia, ubicada en el Centro Histórico de Mérida, buscó ambas cosas: encontrar una segunda vida sin renunciar a la memoria de su arquitectura de la década de 1930.
La premisa fue sencilla: no competir con el pasado, sino dialogar con él. La crujía histórica permanece como el corazón de la casa, conservando su escala, luz y silencio.
Entre arquitectura y paisaje
La reinterpretación contemporánea busca introducir el paisaje en la vivienda. Un patio interior funciona como transición entre ambos mundos, además de ventilar e iluminar los espacios.
Al atravesarlo, un comedor de doble altura enmarca un antiguo árbol de ramón, cuya copa invade la arquitectura hasta convertirla en parte del paisaje. La vegetación deja así de ser un elemento decorativo para convertirse en la estructura emocional del proyecto.
Los techos de cuatro metros de altura, heredados de la construcción original, producen una sensación de amplitud, mientras que piedra, madera, estucos, fibras y colores de origen crean una atmósfera honesta y sin artificios.
Esta casa es también el estudio de su propietario y el lugar donde nace Oriundo. El proyecto refleja una forma de entender la arquitectura: intervenir con respeto, construir desde el contexto y permitir que el tiempo, la naturaleza y la memoria continúen escribiendo la historia del lugar.
Porque restaurar no consiste en regresar un edificio a su pasado, sino en darle la oportunidad de seguir viviendo.
Proyecto arquitectónico y diseño de interiores: Oriundo. @oriundo.mx
Construcción: DCA constructora.
Ubicación: Mérida, Yucatán.
Año: 2025.
Área construida: 350 m2.
Pisos: Mármol y Granito Mido.
Arte: William Gaber.
Fotografía: Manolo R. Solís.




