Frente al océano Pacífico, en Zihuatanejo, Casa Gina se plantea bajo una premisa de sobriedad y neutralidad material: la arquitectura evita competir con el paisaje y, en cambio, lo enmarca y lo potencia. Aquí, el mar aporta el color, la atmósfera y el dramatismo, convirtiéndose en la esencia misma de la vivienda.
Tres niveles que siguen la topografía del terreno
La residencia se organiza en tres niveles que se adaptan de manera orgánica a la topografía del terreno. En el nivel principal, una sala de doble altura se integra con cocina y comedor, donde los límites entre interior y exterior prácticamente desaparecen. La ventilación natural, el sonido constante de las olas y la vegetación tropical acompañan la experiencia espacial, mientras la terraza y una alberca infinita amplían las vistas hacia la bahía y el horizonte del Pacífico.
Muro ciego protege la recámara principal
Arriba, la recámara principal disfruta de una vista privilegiada del paisaje costero sin comprometer la privacidad, gracias a un muro ciego de concreto aparente que la protege de las visuales exteriores. A lo largo del recorrido interior, la circulación alterna momentos de compresión y apertura, construyendo una experiencia pausada que enmarca el paisaje en distintos puntos y convierte cada transición en parte de la experiencia arquitectónica.
Concreto, madera y piedra frente al Pacífico
Piedra natural, madera local y concreto aparente conforman la materialidad del proyecto, elegidos por su durabilidad y su riqueza táctil, además de un sistema de muros de carga que optimiza la estabilidad estructural y la eficiencia constructiva. Grandes ventanales corredizos favorecen la ventilación cruzada, mientras pérgolas y cubiertas generan sombra y suavizan la transición sensorial entre los espacios interiores y exteriores.
Ante la pendiente pronunciada del terreno, uno de los principales retos del proyecto, la casa desciende en volúmenes escalonados que reducen el impacto visual de la construcción y multiplican las terrazas y los puntos de contemplación hacia el océano y los atardeceres característicos de la región.
Ese mismo paisaje que Casa Gina buscó enmarcar desde el inicio termina definiendo su experiencia: la luz natural, las sombras y el horizonte del Pacífico funcionan como un telón de fondo en constante transformación, y convierten habitar la casa en un ejercicio permanente de contemplación, en diálogo sereno y atemporal entre diseño y naturaleza.
Arquitectura: SEIRO Arquitectos. | @seiroarquitectos
Fotografía: César Belio. | @cesarbelio
Ubicación: Zihuatanejo, México.




