Cada pieza narra, pero nunca explica; pregunta, pero nunca contesta. Con esa premisa, Sebastián Dávila construye escenas ambiguas, habitadas por personajes sin rostro, donde algo parece haber pasado o estar a punto de pasar. Originario de la Ciudad de México, este dibujante trabaja hoy como pintor en Mérida, desde donde explora la imperfección humana en sus dimensiones personal, social, familiar y espiritual.
Memes, cine y relatos ajenos como materia prima
Vivencias propias, música y referencias culturales alimentan el lenguaje visual de este pintor en Mérida, capaz de tomar situaciones reconocibles y descontextualizarlas hasta revelar facetas distintas del comportamiento humano, entre lo cotidiano, lo absurdo, lo humorístico y lo ritual.
Aunque es independiente de las demás, cada obra funciona como el fragmento de una narración mayor: el cuadro de un storyboard, el fotograma de una película en pausa. Es el espectador quien completa lo que permanece ausente, confrontado con sus propias experiencias.
Trayectoria de un pintor entre México y Europa
Su trabajo ha pasado por instituciones como la Tate Modern de Londres, el Museo Nacional de San Carlos y el Museo Nacional de Arte. Sumó además una residencia en Holanda con apoyo de Art House, cuyo proyecto derivado llegó al Instituto Cultural de México en París.
Mérida, la ciudad que hoy habita, fue también el escenario de su primera exposición individual, presentada con apoyo del Museo de la Ciudad.




