Diseñada en armonía con su entorno, esta residencia en Portugal tiene como punto de partida el respeto por el paisaje natural

Ubicada cerca del centro de la ciudad de Fátima, pero ya integrada en un entorno con características fundamentalmente rurales, el proyecto de esta casa unifamiliar surge como una intervención que tiene en su génesis el respeto por el paisaje natural circundante, así como por las características del terreno en el que se sitúa, mientras busca potenciar los materiales locales y reduce significativamente la huella de carbono asociada al transporte.

Proyecto arquitectónico y diseño de interiores: João Pedro Pedrosa –Arquitectos.
IG: @joaopedropedrosa_arquitectos
Ubicación: Fátima, Portugal.
Año: 2024.
Área construida: 345 m2.
Construcción: Concroc Unipessoal Lda.
Fotografía: Ivo Tavares Studio.

La casa se compone esencialmente de un volumen simple, en forma de “L”. Está ubicada en el terreno de manera que salvaguarda una integración armoniosa con la forestación existente compuesta por encinas, olivos y pinos, proporcionando un equilibrio entre confort, privacidad y respeto por el medio ambiente. Este volumen se posiciona sobre una plataforma plana, en el nivel más alto del terreno y cerca del camino de acceso público, al este. Para asegurar mayor privacidad en el recorrido de aproximación a la entrada principal, su elevación denota esta idea de mayor clausura, con aberturas más pequeñas, en contraste con los frentes orientados al oeste, que se abren generosamente hacia el área del jardín, mediante grandes aberturas, las cuales permiten crear una sensación de continuidad entre espacios internos y externos, además de que la luz natural se extiende de manera controlada, con el fin de proporcionar un ambiente luminoso y acogedor que aprovecha al máximo la orientación solar para reducir la necesidad de iluminación artificial.

En cuanto al concepto de flexibilidad espacial, se buscaba que las habitaciones de los niños funcionaran como compartimentos versátiles, que permitieran su uso tanto como espacios de retiro durante las horas de descanso o estudio, o como espacios más cerrados, pero que al mismo tiempo pudieran abrirse en continuidad con las áreas sociales de la casa durante el día y el tiempo de juego. Esta idea de versatilidad se materializa mediante la creación de grandes paneles deslizantes, que permiten abrir estas habitaciones casi en toda la extensión de una de sus paredes, integrando el espacio del corredor que, a su vez, se relaciona de manera franca y directa con el jardín a través de una gran ventana. Esto facilita la ventilación cruzada natural, refrescando los espacios sin necesidad de sistemas mecánicos.

Con respecto a la materialidad, el carácter más diferenciador de este proyecto fue la oportunidad cada vez menos frecuente de utilizar materiales artesanales y locales, así como técnicas de construcción tradicionales, en contraste con el escenario actual de una creciente escasez de mano de obra especializada y el consecuente uso generalizado de materiales industrializados y completamente estandarizados. El uso de ladrillo sólido hecho a mano que cubre las fachadas es el mejor ejemplo de ello, ya que su fabricante logró completar la producción después de proporcionar el material necesario para la construcción de esta casa, a pesar de que le resultaba cada vez más difícil debido a su avanzada edad. Esto llevó al propietario y a uno de sus hijos a participar activamente en el proceso de producción, para que con su ayuda, fuera posible alcanzar la cantidad necesaria para llevar a cabo la obra, preservando así un oficio tradicional que, de otro modo, habría desaparecido. Sólo de esta manera fue posible obtener el resultado deseado en la composición y textura de las fachadas.

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