Hay objetos que solo se entienden cuando se descubre de dónde vienen. Las siete piezas de diseño que reunimos aquí toman prestado algo de un oficio ajeno: la sastrería, el automovilismo, el tejido japonés, la pintura o la escultura. El resultado son lámparas, asientos y objetos que cuentan dos historias a la vez, la de su función y la del mundo que les dio origen.
Luz que se comporta como una onda
Bajo cada lámpara de llll, la firma belga de Sarah Dehandschutter, hay el mismo gesto: un perfil de metal doblado a mano y cubierto por una tela traslúcida, tensada como piel. La línea se repite en una sola pieza suspendida o en candelabros de hasta seis elementos, siempre como una ola de luz detenida a media forma. Dos capas de tela ligeramente desalineadas producen moiré, un patrón que cambia con cada paso, igual que dos ondas de agua o de sonido al cruzarse. Cada pieza se hace a mano en Bélgica.
Retazos de Vivienne Westwood sobre una silla
Componer la tapicería de Socialite Chair fue, en la práctica, un ejercicio de sastrería. Retazos y telas de muestra donados por Vivienne Westwood llegaron al taller de Oliver Stiff sin que él supiera qué le tocaría combinar ni en qué escala, y el resultado terminó citando al Chesterfield, el sofá clásico del lujo inglés. Por fuera, nada delata su origen: la estructura es de contrachapado de abedul con certificación FSC y metal reciclado. Para el lanzamiento, Andreas Kronthaler vistió a la modelo con la colección más reciente de la casa, de modo que moda y mueble compartieran el mismo mundo visual.
Ingeniería de hipercoche llevada a la sala
El McLaren W1 y el Speedtail llevan la firma de João Dias y Patrick Carton, quienes después fundaron Ennua para aplicar esa misma disciplina a un objeto que no tuviera que moverse. Element 01, su primera pieza, se edita en apenas 199 ejemplares numerados, como un auto de serie limitada. Su estructura de fibra de carbono pesa menos de 15 kilos, pero resistió cargas de hasta 2,000 kilos sin deformarse.
“Después de años diseñando los autos más avanzados del mundo, empezamos a ver los objetos de una casa con otros ojos”.
João Dias, cofundador de Ennua.
Criaturas cosidas sobre tubo de acero
Por dentro, cada silla o banca de Disguise Series es un armazón de tubo de acero; por fuera, una funda textil cosida a mano, con un relieve de picos que nunca se repite igual de un tramo a otro. Para el estudio madrileño Esto, coser la funda es un ritual: es lo que convierte la estructura en otra cosa. Ese patrón, repetido pero nunca idéntico, imita cómo crecen las texturas en la naturaleza, con cada elemento apenas distinto al de al lado. Vestida así, la pieza deja de ser solo un asiento y se vuelve una criatura hecha a mano.
Calor que revela un bosque escondido
Activar un hilo termocromático no fue sencillo la primera vez: las manos de Yuri Himuro estaban demasiado frías, así que sopló sobre la tela hasta que reaccionó. “Esa acción se sintió parecida a encender un fuego”, recuerda. De ahí nació Thermo Textile Series #01 “camp”, un posavasos tejido que solo revela una fogata, un farol o una hoguera cuando el calor lo enciende. La pieza forma parte de Yobiiro, el proyecto de Zozo Next que cruza tecnología japonesa con oficios tradicionales. En otros trabajos, Himuro esconde los motivos hasta que la tela se corta o se voltea; aquí basta una taza caliente para que el bosque, por un momento, se encienda.
Paisajes recortados a mano alzada, ahora en cuero
Sin patrón ni plantilla, cada paisaje de Caroline Hélain nace de un corte de tela a mano alzada: un acantilado aquí, una franja de cielo allá. Longchamp tradujo nueve de esos paisajes al oficio del cuero para su colección de invierno, en colaboración con la artista. Piel de becerro y lana virgen bouclé componen la pieza más representativa, un paisaje de dunas bajo un cielo extendido. “Es la oportunidad de llevar los paisajes que creo a la escala del cuerpo”, dice Hélain. El mismo gesto libre se repite en bolsos, suéteres y pañuelos: paisajes hechos para caminar.
Ajedrez tallado como pieza de diseño para heredar
Todo empezó con una pregunta: ¿qué se le regala a alguien que ya tiene todo? De ahí nació Nadáli, la maison vienesa que piensa el ajedrez como escultura. Sus piezas pertenecen a la familia Equilibrium, una misma figura interpretada de forma distinta según la colección: en mosaico de más de 21,000 piezas de madera, en marquetería de paja teñida a mano o pintada al óleo. Algunos tableros tardan casi un año en terminarse, porque el tiempo es parte del proceso y no un obstáculo.
Más allá de su función, estas piezas de diseño comparten una misma convicción: los objetos que perduran son los que traen consigo la memoria de otro oficio, y por eso están hechos para quedarse y heredarse.
Créditos:
llll: www.llll.be / Oliver Stiff: @oliver.stiff / Ennua: www.ennua.com / Esto: @esto_estudio / Yuri Himuro: @himuroyuri / Longchamp: @longchamp / Caroline Hélain: @caroline.helain / Nadáli: @nadaliartexpanse





