El bosque, la lluvia y la vegetación dan forma a esta casa en Avándaro

Sobre un talud de vegetación espesa en Avándaro, Estado de México, esta casa se acomoda a una topografía pronunciada que conduce el agua de lluvia hacia el arroyo colindante. Su implantación sigue la dirección del terreno y el orden de los árboles existentes, abriendo la fachada principal hacia el norte para mirar al bosque y recibir una luz continua.

Orientación, niveles y vegetación definen el acomodo de las piezas que conforman la vivienda. Entre los distintos volúmenes se genera un vacío central que delimita un jardín interior, respetando los grandes pinos y encinos del terreno, mientras el sol resplandeciente aporta calidez al corazón de la casa.

Dos tipos de espacios componen el proyecto: los volúmenes macizos y la pieza ligera que une a tres de ellos. Esta última da forma al recinto principal de la propuesta: una sala de estar abierta en todas sus caras con cristal, pensada para contemplar el contexto y protegida por una cubierta ligera de concreto reforzada con vigas de acero.

Dentro de los cuatro macizos se resguarda el programa privado y de servicio de la vivienda. Uno de ellos contiene dos pares de recámaras iguales y en espejo; otro, alberga el cuarto de TV o family room, con posibilidad de funcionar como recámara extra; un tercero, organiza la cocina en planta baja, un estudio en el nivel intermedio y la recámara principal en el piso superior. El cuarto volumen, independiente de los demás, concentra la cisterna, el cuarto de máquinas, los servicios y el estacionamiento. Sostenida por tres de estos cuatro cuerpos y por la chimenea principal, la cubierta define las áreas comunes como el verdadero centro de la casa. La chimenea aparece como una referencia a la hoguera, mientras sala, comedor y cuarto de juegos para los niños se abren hacia el jardín y el family room mediante una transparencia casi total.

Un ventanal de piso a techo, de 9.6 metros de largo por 3.6 de alto y dividido en cuatro ventanas corredizas, permite que sala y comedor se transformen por completo. Al abrirse, los canceles desaparecen dentro de uno de los volúmenes adyacentes y convierten la estancia central en una terraza exterior techada, una de las áreas más utilizadas en este tipo de casas de campo. Este gesto permitió concentrar sala y comedor en un solo espacio principal, evitando duplicar programas entre interior y exterior.

Los materiales acompañan la experiencia y permiten concentrar la mirada en el bosque, la lluvia, la topografía y el contexto inmediato.
Los verdes del bosque, la lluvia y la vegetación son los protagonistas.

Concreto aparente en el basamento separa el nivel de piso del terreno y funciona como barrera térmica contra la humedad. Sobre esta base se apoyan los muros de tabique con aplanado pulido y estuco local, construyendo una materialidad sobria que responde tanto a la condición del sitio como al confort interior.

La inclinación de las cubiertas de los cuatro macizos, resueltas con teja de barro plana, permite la captación pluvial. En contraste, la cubierta ligera se mantiene plana y forma una terraza privada, accesible únicamente desde las tres recámaras de la familia. Así, este plano superior se convierte en una extensión del proyecto, donde el contacto con los árboles y la vegetación se retoma desde otro nivel de la casa.

Este plano superior se convierte en una extensión del proyecto, donde el contacto con los árboles y la vegetación se retoma desde otro nivel de la casa.

Resuelta en tonos neutrales, la materialidad genera una paleta monocromática suave, donde los verdes del bosque adquieren protagonismo. En lugar de competir con el entorno, los materiales acompañan la experiencia y permiten concentrar la mirada en el los árboles, la lluvia, la topografía y el contexto inmediato.

Acorde con esta intención, el interior recurre a materiales ligeros y texturas contenidas. Los textiles acompañan y contrastan con la superficie lisa de los muros, mientras el mobiliario se compone de piezas sencillas con diseños clásicos, siempre bajo un criterio de neutralidad, calidez y discreción.

Compuesta por encinos macizos entintados y naturales, mármoles negros y recintos, la selección de materiales sólidos refuerza la calidez del proyecto. A ellos se suman lanas naturales, cashmeres, linos de distintas densidades y tonalidades, así como tejidos de palma cuyas técnicas provienen del contexto local. Esta mezcla construye una atmósfera cálida al tacto, sin interrumpir el lenguaje sobrio de la arquitectura ni la presencia del paisaje.

La propuesta es una exploración del contraste entre los espacios habitables de la vivienda, su morfología y su estrecha relación con el contexto inmediato.

Proyecto arquitectónico y diseño de interiores:
ESTUDIO Ignacio Urquiza Ana Paula de Alba. | @estudioiuapda
Ubicación: Valle de Bravo, Estado de México.
Año: 2024.
Área construida: 537 m².
Paisajismo: Genfor Landscaping y Tania Eguiluz.
Fotografía: Rafael Gamo.

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