Casa Tate emerge como una extensión natural del terreno oaxaqueño,
desdibujando los límites tradicionales entre espacio construido y entorno.
Proyecto arquitectónico y diseño de interiores: Materia + Gustavo Carmona.
Colaboradores: Karla Uribe, Gustavo Xoxotla, Teresa Berumen,
Rodrigo Pérez, Jovana Grujevska, Sol Fernández e Isabel Pacheco.
IG: @_materia
Ubicación: Puerto Escondido, Oaxaca.
Año: 2023.
Área construida: 700 m2.
Construcción: 2024.
Paisajismo: Gustavo Carmona + Diáspora Arquitectura Biotropical.
Muebles de Baños: Interceramic.
Grifería: Helvex.
Fotografía: Jaime Navarro.
Ubicada en la costa de Puerto Escondido, esta residencia se deja de concebir como un objeto aislado debido a una profunda comprensión del sitio como generador de lugar que desdibuja los límites tradicionales del espacio material y del entorno. Una herramienta que se aplica para revelar los fenómenos naturales del contexto es la arquitectura, la cual establece un diálogo constante con el paisaje y desvanece la línea entre interior y exterior. La disposición estratégica de los volúmenes y las áreas exteriores responde a priorizar la experiencia del sitio por encima de una jerarquía tradicional de espacios construidos, y es por esto que se enmarca la vista hacia los perfiles de la sierra al este y el horizonte del océano al oeste.
Los espacios se articulan a través de una secuencia de jardines que construyen una narrativa botánica en el terreno: una duna natural conecta directamente con la playa, mientras un colchón vegetal perimetral salvaguarda la intimidad de los habitantes; un jardín central con especies endémicas da estructura al proyecto.
Un testimonio del contexto y de la identidad local que Casa Tate refleja es la selección de materiales: piedra y concreto anclan el proyecto al suelo, mientras madera y palma de las palapas establecen una relación de ligereza y permeabilidad. Esta materialidad surge de la exploración de sistemas constructivos tradicionales y de la colaboración con artesanos locales. Así, la casa logra un lenguaje tectónico expresivo, donde cada ensamble reconoce su propia naturaleza. Los juegos de luz y sombra que transforman los espacios a lo largo del día, potencian la experiencia sensorial. Uno de los mayores desafíos del proyecto fue integrar la arquitectura con el paisaje de una manera natural y sin imposiciones. La solución se encontró en la configuración de pabellones, donde libremente se puede dar recorridos al aire libre y espacios intermedios de transición que transforman la vivencia arquitectónica en una experiencia contemplativa.
Casa Tate redefine la manera en que una vivienda puede relacionarse con su entorno. Su diseño no responde a una estética impuesta, sino a una lectura profunda del paisaje y las condiciones climáticas de la región. El resultado es un espacio donde la arquitectura no es protagonista, sino un medio para experimentar el paso del tiempo, la materialidad y la naturaleza en su expresión más pura.



