Lejos de imponerse al paisaje, esta residencia en la península de Saanich, en Vancouver Island, se construye a partir de él. Inserta en un entorno boscoso frente al agua, la vivienda retoma principios del modernismo de la costa oeste y referencias de la arquitectura japonesa para plantear una forma de habitar donde naturaleza, recorrido y contemplación se vuelven inseparables.
Adaptándose a las curvas naturales del terreno, la planta de un solo nivel se despliega con una geometría suave que permite conservar la mayor cantidad de árboles existentes. Más que una decisión formal, esta estrategia define la experiencia del proyecto: una secuencia de espacios conectados que se abren gradualmente hacia el exterior, donde senderos, terrazas y puntos de resguardo acompañan el tránsito entre el bosque y las vistas al mar.
Definida a partir de una paleta contenida, la materialidad retoma tonos y texturas del entorno inmediato. Madera, piedra natural y superficies minerales construyen un lenguaje sobrio que privilegia la autenticidad y el paso del tiempo, permitiendo que la arquitectura envejezca en sintonía con el paisaje.
Más que delimitar, los planos se diluyen. Muros que ceden paso al vidrio, patios que funcionan como extensiones habitables y visuales enmarcadas que dirigen la mirada hacia el bosque y la costa refuerzan una relación constante entre interior y exterior, donde el paisaje deja de ser fondo para convertirse en parte activa del espacio.
El paisaje deja de ser fondo para convertirse en parte activa del espacio.
En continuidad con la arquitectura, el jardín se organiza como una transición gradual entre lo contenido y lo natural. Zonas más estructuradas cercanas a la vivienda dan paso a una vegetación más libre hacia el borde costero, permitiendo que el paisaje se integre sin interrupciones y mantenga su carácter original.
Dentro de esta lógica, el estanque de koi se convierte en uno de los momentos más significativos del proyecto. Diseñado como un elemento contemplativo y técnico a la vez, articula visuales, introduce reflejos cambiantes y suma una capa de vida al conjunto. Su presencia no sólo organiza el espacio inmediato, sino que intensifica la relación con el entorno a través del movimiento, el sonido y la luz.
De manera sutil, el proyecto también incorpora espacios pensados para albergar piezas de arte, integrándolas como parte del recorrido sin competir con el paisaje, sino dialogando con él.
Más que definirse desde una forma fija, la vivienda se construye a partir de su transformación. Entre materia, luz y paisaje, cada decisión refuerza una manera de habitar donde la arquitectura no se impone, sino que acompaña el ritmo natural del entorno.
Proyecto arquitectónico: Openspace Architecture. | @openspacearchitecture
Diseño de interiores: Kristen Totah from Studio K Kitchens.
Ubicación: Vancouver Island, Canada.
Construcción: M Knight Construction.
Arquitectura de paisaje: Paul Sangha Creative.
Fotografía: Ema Peter.





