Una casa inspirada en la geometría perfecta del panal de abejas

Dentro de un bosque de Dzidzilché, en Yucatán, Casa K’ankab propone una forma de habitar desde el respeto y la precisión. A partir de una retícula hexagonal, la vivienda se dispersa entre los claros de luz, integrándose al paisaje y diluyendo los límites entre interior y exterior. Concebida como materia que emerge de la tierra, la arquitectura construye una experiencia donde la vegetación dialoga con los volúmenes.

Con la intención de alterar lo menos posible el paisaje existente, se trazó una retícula hexagonal que protege la huella vegetal de manera rigurosa y define el emplazamiento de la vivienda. Esta geometría, además de simbolizar una de la forma más eficientes de construcción en la naturaleza, establece una referencia directa a las abejas, principales polinizadoras de la flor del tsitsilché (Gymnopodium floribundun), estableciendo un vínculo simbólico y estructural con el entorno. Debido a la espesa vegetación, la casa se dispersa en busca de claros de luz.

Los recorridos corpóreos se entrelazan con el bosque, y las visuales atraviesan el espacio, dando lugar a un jardín que contiene una casa, y no una casa que contiene un jardín.

La volumetría, conformada por elementos geométricos monolíticos, parece emerger del suelo con una materialidad monocromática que evoca el color de la tierra roja de la región: el k’ankab. Los vanos encuadran fragmentos del paisaje y desdibujan el umbral entre interior y exterior, reforzando una relación intrínseca entre la naturaleza y el habitar.

La casa se adapta al bosque, encontrando su forma en los claros de luz y permitiendo que la vegetación existente defina su implantación.
El límite entre interior y exterior se diluye, generando una experiencia donde el espacio construido y la naturaleza coexisten sin jerarquías.
Habitar este proyecto implica recorrer el paisaje, donde los espacios se abren y se conectan con el exterior de manera continua.

Desde la escala interior de los volúmenes, el proyecto favorece un microclima térmico confortable y una atmósfera de silencio. Esta condición potencia la experiencia de comunión con el entorno natural, donde la arquitectura no busca imponerse, sino acompañar la presencia del bosque.

Como parte de la intervención, se promovió la reforestación de las escasas áreas áridas mediante la incorporación de especies endémicas y cuerpos de agua, favoreciendo así la biodiversidad local.

Para cuidar la imagen urbana, se diseñó un muro bajo que divide visualmente, pero permite la percepción del bosque interior. Además, se dejó un vacío en la esquina que genera conexión entre las vías y realza los volúmenes como una escultura en el paisaje.

Proyecto arquitectónico y construcción: Reyes Rosiñol. | @reyesrosinol
Equipo de diseño: Julio Reyes Rosiñol y Andrea Páez Caamal.
Ubicación: Chicxulub Pueblo, Yucatán.
Año: 2025.
Muebles de baño: El Niplito.
Área construida: 662.12 m².
Fotografía: Manolo R. Solís.

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