Ubicada en Punta Pájaros, Puerto Escondido, Casa Malandra se concibe como un refugio frente al mar donde la arquitectura se despliega sin imponerse. Implantada sobre una franja de playa virgen y rodeada de vegetación nativa, la vivienda establece un diálogo constante con el entorno, entendiendo el paisaje no como fondo, sino como parte activa de la experiencia.
A partir de una organización en tres módulos independientes, el proyecto construye una forma de habitar basada en la fragmentación. Conectados mediante puentes de madera que atraviesan el terreno, los volúmenes permiten que el recorrido se convierta en parte esencial de la experiencia, alternando momentos de apertura hacia el mar con espacios más contenidos que privilegian la privacidad.
Lejos de concentrar el programa en un solo gesto, la distribución separa funciones y ritmos. Cuatro recámaras con baño privado conviven con una palapa principal que integra sala, comedor y cocina en un espacio abierto, mientras terrazas, áreas de descanso y un anfiteatro exterior extienden la vivienda hacia el paisaje, diluyendo los límites entre lo construido y lo natural.
La arquitectura se fragmenta para dar lugar a la pausa y la intimidad.
“Logramos una renovación que creó un espacio lleno de confort, serenidad y naturalidad.”
Anina Schulte-Trux
El recorrido se convierte en parte esencial de la experiencia.
Inserto en un contexto de gran valor dentro de la costa oaxaqueña, el proyecto encuentra en su entorno inmediato una referencia constante. La cercanía con el mar, la vegetación y otros referentes de la zona refuerzan su condición como un enclave que privilegia la contemplación y la desconexión.
Desde una intervención puntual, el proyecto de interiores se plantea como un ejercicio de ajuste más que de transformación. Desarrollado por Anina Schulte-Trux Interiors, el refresh parte de la renovación de textiles y la incorporación precisa de mobiliario, buscando aportar mayor calidez sin alterar la esencia arquitectónica original.
A través de piezas diseñadas específicamente para cada espacio, el mobiliario se integra con líneas limpias y proporciones claras que dialogan con la arquitectura. La selección de materiales prioriza fibras naturales y superficies táctiles que introducen textura sin saturar, mientras una paleta neutra construye una base serena que se acentúa de forma controlada en
las recámaras.
Más que redefinir el espacio, la intervención refuerza lo existente. Entre recorridos, materia y paisaje, Casa Malandra propone una manera de habitar donde la arquitectura se fragmenta para dar lugar a la pausa, la intimidad y la conexión con el entorno
Proyecto arquitectónico: Alberto Calleja.
Diseño de interiores: Anina Schulte-Trux Interiors. @aninaschultetrux.interiors
Ubicación: Puerto Escondido, Oaxaca.
Año: 2020.
Fotografía: Cecilia Manzanares Vargas y Vivian Alderete Moreno.



