De antiguo cuarto de máquinas a hogar con carácter, la sorprendente transformación del hogar habitado y diseñado por el arquitecto William López Cureño

Proyecto arquitectónico y construcción: William López Cureño.
Diseño de interiores: Proyecto Hefesto | William López Cureño
y Juan Pablo Pulido Sandoval.
@williamlopez.designer | @proyecto_hefesto
Ubicación: Hunucmá, Yucatán.
Año: 2024. Área construida: 250 m2.
Mobiliario: Marbol Casa | Muebles de baño: El Niplito.
Fotografía: Gaspar Segura.

Inmersa en la selva baja de Yucatán, cerca del puerto de Sisal, en la costa poniente de la península, Casa Ah Muzen Kab es el hogar habitado y diseñado por el arquitecto William López Cureño. El proyecto surge a partir de una estructura preexistente: un antiguo cuarto de máquinas abandonado desde inicios del siglo XX.

La concepción del proyecto parte de una relación sensible con los espacios habitados. El color, las texturas, la luz y el mobiliario —así como su transformación con el paso del tiemp — se entienden como elementos capaces de influir directamente en las emociones.
Esta mirada da forma a una arquitectura pensada desde la experiencia cotidiana y a partir de la conexión íntima con los lugares que se habitan a diario. Al proyectar el hogar para su familia, la referencia fue un entorno ligado a la infancia y a la vida en contacto con la naturaleza: muros de piedra, corredores abiertos, vegetación cercana y la posibilidad de observar aves, apiarios y lluvias que impregnan el ambiente con el olor a tierra mojada. De estos recuerdos surge Casa Ah Muzen Kab, concebida como un refugio alejado de la ciudad y profundamente arraigado a su contexto.

En su estado original, el sitio conservaba únicamente los muros de piedra de dos espacios contiguos sin techo. El primero, con un acceso en forma de arco, alberga actualmente la recámara principal, el vestidor y el baño; el segundo da lugar a la cocina y el comedor. Con el tiempo, la vivienda se amplió incorporando una terraza de hamacas, el vestíbulo y dos recámaras adicionales. Al exterior, un jardín conecta la recámara principal con el vestíbulo que conduce a las demás áreas, mientras una serie de escaleras permite acceder a distintas terrazas generadas por los cambios de nivel del terreno, dejando abierta la posibilidad de futuras expansiones.

La materialidad define la experiencia sensorial de la casa. Los materiales utilizados en el proyecto permiten disfrutar cada espacio. Recorrerla descalzo es una invitación que surge del uso del cemento pulido en pisos, un acabado que también se aprecia en muros y techos. El mobiliario de madera, diseñado a medida y elaborado por artesanos de la región, aporta calidez frente a la sobriedad de los acabados. En la cocina y la recámara, los tonos casi negros ayudan a contener los espacios a doble altura y generan un contraste con textiles en linos claros. La luz natural, filtrada a través de ventanas superiores y de la celosía de la terraza, construye una atmósfera cambiante, donde detalles como el reflejo del agua del estanque de la fachada sobre el techo aportan belleza y profundidad al espacio. Más que una vivienda, se concibe como un santuario en constante evolución. Un hogar que se transforma con el tiempo, capaz de albergar nuevas etapas, nuevos espacios y nuevas emociones, siempre en estrecha conexión con la naturaleza que lo rodea.

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