Fernanda Rionda es paisajista naturalista y una de las voces más reconocidas del diseño de paisaje en México. Autodidacta de origen y observadora profunda de los ecosistemas, ha construido una práctica basada en comunidades vegetales resilientes, jardines inmersivos y composiciones que emulan procesos naturales desde la lectura del territorio. Aunque egresó de Relaciones Internacionales, encontró en el paisaje un lenguaje más directo para entender el entorno. Complementó su formación con estudios de Arquitectura de Jardines en la Universidad Iberoamericana y, tras más de 20 años de trabajo en obra, suma cerca de 400 proyectos que evidencian un dominio técnico sólido y una visión ecológica clara.
Su obra impulsa el uso de especies nativas y la revalorización de la dalia silvestre —flor nacional de México— incorporada desde 2018 en diversos jardines. Actualmente, desarrolla un catálogo de especies para un municipio de la megalópolis, reafirmando su papel como referente en lectura ecológica y restauración del paisaje urbano. Presidenta de la SAPMX y fundadora de Paisajes sin Límites, Fernanda trabaja desde una idea central: la naturaleza no dibuja fronteras y el diseño naturalista tampoco.
NATURALEZA QUE CONVERGE
Paisajismo: Fernanda Rionda.
@fernandarionda
Ubicación: CDMX.
Año: 2024.
Área construida: 210 m2.
Fotografía: Max Carballo y Mauricio Joaquín Flores
En el diseño de paisaje naturalista, la observación es siempre el inicio. Contemplar cómo funcionan los ecosistemas naturales sin intervención humana permite entender sus ritmos, sus dinámicas, la forma en la que las plantas coexisten y la manera en que las comunidades vegetales se mezclan íntimamente en los sitios no intervenidos. En la naturaleza, los límites entre especies no existen: las texturas se superponen, los follajes se entrelazan y la vida se estructura en capas que responden a microhábitats, ciclos de luz, humedad y clima. Esa cualidad —intangible pero evidente cuando se experimenta— es la que dio forma a Casa Salvia. A diferencia del jardín ornamental tradicional, donde el usuario suele ser espectador, el jardín naturalista invita a habitar el paisaje: caminar entre plantas que responden al viento, rodearse de formas, aromas y matices; escuchar insectos y aves que encuentran refugio; percibir variaciones sutiles de temperatura y sombra. Es un entorno inmersivo que despierta una sensación intuitiva de pertenencia que todos podemos reconocer, incluso quienes no crecieron en contacto con la naturaleza. Ubicada al poniente de la Ciudad de México, Casa Salvia se concibió como un jardín que se funde visual y ecológicamente con su contexto. Para ello se eligieron especies resistentes a la sequía, adaptadas al clima local y capaces de mantener estructura y belleza con un mantenimiento mínimo: sólo dos podas importantes al año. La selección combina especies nativas, como Nassella tenuissima, Tagetes lucida, Salvia mexicana y Lupinus spp., con exóticas no invasoras como Salvia canariensis, elegidas por su compatibilidad ecológica y su aporte cromático.
La composición está pensada para ofrecer interés visual durante todo el año y responder al clima de la Ciudad de México, definido más por ciclos de lluvia y sequía que por estaciones marcadas. El jardín se estructuró para ofrecer un ritmo florístico continuo: pequeñas explosiones de color en distintas épocas, follajes que cambian con la luz y una trama vegetal en movimiento donde las sombras se desplazan a lo largo del día. Más que un jardín, se concibe como un ecosistema vivo: crece, se transforma, se regenera y ofrece refugio. Su diseño plantea una relación distinta de relacionarnos con la naturaleza, no desde la contemplación distante, sino desde una experiencia sensorial profunda e inmediata.
conoce +de Fernanda Rionda
¿Cuál ha sido el comentario más inesperado que un cliente ha hecho sobre tu trabajo?
Cuando un cliente me pregunta si una zona que diseñé ya estaba así en estado natural, siento que gané la medalla de oro. Justo de esto se trata el diseño de paisaje naturalista
Si tu estilo de diseño fuera una película, ¿cuál sería?
Sería una mezcla entre “The Revenant” y “The Secret Garden”. Mis jardines tienen esas dos caras contrastantes: la fuerza inmersiva y casi salvaje del paisaje vivo y la delicadeza emocional y narrativa de un jardín que revela secretos en capas.
¿Recuerdas un espacio —público o privado— que guardes con especial cariño y cómo influyó en tu manera de diseñar?
No tengo tantos recuerdos de jardines en mi infancia; mis jardines estaban en los libros que leía. Siempre estuve obsesionada con el ciclo natural de la gran pradera americana gracias a Laura Ingalls Wilder, igual que los paisajes de “El último mohicano”, “El corazón de piedra verde” y los mundos de Julio Verne.
Imagina que puedes invitar a cualquier personaje histórico o contemporáneo
a cenar en uno de tus proyectos; ¿a quién elegirías y en qué espacio?
Invitaría al arquitecto y paisajista inglés William Kent del siglo XVII a cenar en uno de mis jardines. Me gustaría recibirlo en el humedal del Jardín Botánico del Bosque de Chapultepec o en mi jardín de Design House 2022, donde entendí
—por primera vez de forma consciente— la vigencia de uno de sus principios:
separar el trazo del jardín del eje central de la casa como en Stowe.
¿Hay algún objeto o detalle que suele aparecer en tus proyectos, aunque no lo planees?
Siempre aparecen polinizadores. Por eso jamás diseño jardines expresamente
“para polinizadores”: en mis jardines ¡siempre llegan!, y siento que es un despropósito llamarlos así. Cualquier jardín verdaderamente biodiverso —y realmente naturalista— debe atraer muchos polinizadores de forma espontánea.
De los materiales con los que trabajas, ¿cuál representa el mayor reto?
La tierra. Pero el reto real es que el cliente entienda que hay plantas para todo tipo de tierra y que, en muchos casos, no siempre es necesario “mejorarla”. Prefiero usar lo que hay o, cuando el proyecto lo permite, trabajar con sustratos técnicos para reducir la huella de carbono. En mis praderas, entre menos fértil sea el suelo, mejor funciona la comunidad vegetal.
¿En qué momento del día encuentras tu mejor inspiración?
La inspiración no es que llegue a una hora determinada, más bien no tiene hora, pero siempre viene de un ejercicio previo donde exploremos varios caminos hacia donde puede ir el diseño. Hay que trabajar para que llegue la inspiración, y yo trabajo en mi mente todo el día, todo el tiempo, incluso en una actividad de descanso o estando en tránsito de un lugar a otro, mi mente siempre está diseñando.
Cuando alguien habita uno de tus proyectos, ¿qué emoción te interesa
despertar?
La emoción de pertenencia e identidad. Al final, todos somos parte del paisaje.
Cuéntanos sobre un proyecto que aún no existe, pero sueñas con diseñar algún día.
Me encantaría desentubar uno de los muchos ríos que atraviesan la Ciudad de México y construir a lo largo un parque lineal. Lo sueño todo el tiempo y espero que en un futuro se pueda lograr.



