Inspirada en la espiritualidad de un cenote, Casa Gruta se concibe como un templo moderno que honra la naturaleza y el entorno

La arquitectura tiene la capacidad de transportarnos a experiencias
sensoriales y desencadenar conexiones con nuestros orígenes más
primitivos. En el barrio de Sisal, Valladolid, surge una propuesta que desafía
la vida consumista contemporánea: Casa Gruta, diseñada por los arquitectos
Salvador Román Hernández y Adela Mortéra Villarreal como una exploración de
la percepción, la escala y la materialidad.

Proyecto arquitectónico: Arq. Salvador Román Hernández y Arq. Adela Mortéra Villarreal.
Diseño de interiores: Paulina Román Hernández y Andrés Briceño Durán.
IG: @chavaroman | @adelamortera
Construcción: Concretum.
Paisajismo: Archivo Vegetal | Paulina Román.
Ubicación: Valladolid, Yucatán.
Año: 2025.
Área construida: 254 m2.
Fotografía: Fabián Martínez y Andrea Cinta.

Una pieza arquitectónica que representa la majestuosidad de un cenote o caverna donde los antiguos se refugiaban y lo utilizaban como templo.

La residencia se concibe como una escultura habitable que reinterpreta las formaciones geológicas características de la Península de Yucatán: cavernas, grutas y cenotes. Su materialidad simplificada abrazó los colores y texturas encontrados en estos entornos naturales, donde el concreto pigmentado verde grisáceo de las fachadas, cambia su saturación con el movimiento solar, creando una atmósfera que vive y respira.

El recorrido se desarrolla a través de un túnel que conduce al distribuidor principal. La primera habitación presenta un patio privado, regadera al aire libre y un cuerpo de agua. Posteriormente, el túnel se abre hacia el área común que integra sala, comedor y cocina bajo una bóveda de concreto martelinado, que culmina en un gran cilindro que alberga la escalera hacia el rooftop: un espacio recreativo con mirador para contemplar el paisaje circundante.

En planta baja, dos habitaciones adicionales completan el programa. Una más privada dispone de un patio contemplativo con esculturas y vegetación, mientras que la habitación principal, la más grande, termina en un patio interior con un cuerpo de agua cilíndrico, junto a un flamboyán que teje juegos de luz y sombra. Casa Gruta funciona como un refugio que invita a la introspección y la reflexión sobre el ritmo acelerado de la vida contemporánea, sirviendo como un espacio de contemplación y conexión con el tiempo. Esta obra arquitectónica logra que sus habitantes redescubran la esencia del habitar, alejándose del ruido exterior para encontrar en la quietud de sus espacios una nueva forma de experimentar la domesticidad.

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