Escondida entre paisajes únicos, Morada de Piedra revela el alma de Malinalco

Morada de Piedra se sitúa a los pies de una peña imponente en el Barrio de San Juan, Malinalco, una región conocida por su exuberante vegetación y paisajes únicos.

Proyecto arquitectónico: Santiago Constantino De Angoitia
para Colar Colectivo de Arquitectura.
Diseño de Interiores: Santiago Constantino De Angoitia.
IG: @_colar_
Ubicación: Malinalco, Estado de México.
Año: 2024.
Área construida: 72 m2.
Construcción: Gregorio Mancio.
Paisajismo: Inés Garza.
Fotografía: Ariadna Polo.

El proyecto sigue el concepto soft loft, un espacio continuo que promueve una experiencia de vida abierta, fluida y flexible. El diseño abierto del espacio resalta la libertad de movimiento y maximiza la sensación de amplitud mediante techos altos y grandes ventanales que enmarcan el paisaje. Esta configuración permite una profunda conexión visual y física entre el interior y el exterior. La integración con la naturaleza es clave: la peña se convierte en el protagonista del espacio y forma una parte activa del proyecto. Los grandes ventanales realzan su presencia monumental, fomentan la interacción constante con el paisaje y proporcionan abundante luz natural que cambia a lo largo del día. Esta luz natural crea atmósferas dinámicas en el interior y elimina la necesidad de iluminación artificial durante gran parte del día. La casa cuenta con una superficie construida de 72 m2, complementada con una terraza con tina y un jardín intersticial, que refuerzan la experiencia de conexión con el entorno natural. Este jardín también crea una zona verde que actúa como barrera visual entre la nueva construcción y la casa existente, funcionando como un elemento integrador del paisaje que preserva la privacidad de ambas construcciones.

Morada de Piedra trasciende su función como refugio de fin de semana para convertirse en un ejercicio de integración respetuosa con el entorno. La casa ofrece confort, luz natural abundante y una conexión continua con la naturaleza, donde las transiciones entre interior y exterior son fluidas y la experiencia del usuario se enriquece constantemente por la presencia de la peña y el paisaje de Malinalco. El proyecto demuestra cómo la arquitectura puede dialogar armoniosamente con las tradiciones constructivas locales, creando espacios que honran tanto el lugar como las técnicas ancestrales, mientras ofrecen el confort y la funcionalidad que demanda la vida contemporánea.

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