Pertenece a una generación de arquitectos que entiende el diseño como estrategia, experiencia y transformación. Formado en la Universidad Iberoamericana, complementó su visión académica como profesor invitado en instituciones como SCI-Arc, IIT Chicago, UPenn y Harvard, donde su enfoque—siempre inquieto y propositivo— ha encontrado un diálogo natural. También forma parte de la Academia Nacional de Arquitectura y del Sistema Nacional de Creadores. En 2002 fundó Rojkind Arquitectos, un estudio que combina arquitectura, innovación y pensamiento urbano para convertir los retos contemporáneos en oportunidades de diseño.
Desde entonces, su práctica ha producido obras que hoy forman parte del imaginario arquitectónico del país: la Cineteca Nacional del Siglo XXI, Mercado Roma, HighPark, Foro Boca, Casa Pasiddhi, la Metadestilería José Cuervo, The Ledger en Arkansas y, recientemente, Vinícola Pictograma. Más que acumulación de premios, su carrera ha sido la construcción de una mirada: una arquitectura que se adapta, provoca, conversa y deja espacio para la experiencia humana.
ECOS DEL TERRITORIO
Proyecto arquitectónico: Rojkind Arquitectos + AmasA Estudio.
Diseño de interiores: Smarq.
Construcción: Grupo UBK.
@rojkindarquitectos | @amasa_studio
Ubicación: Valle de Guadalupe, Baja California.
Año: 2023.
Área construida: 1,963 m2.
Fotografía: Edmund Sumner y Fernando Marroquin; cortesía de Grupo UBK.
En el Valle de Guadalupe, donde el paisaje dicta su propio ritmo y la tierra guarda historias antiguas, nace Pictograma: una vinícola concebida como un gesto circular que honra la memoria agrícola de la región y celebra el ciclo vital de la uva grenache, fusionando oficio, territorio y tiempo en un mismo trazo. El proyecto entiende la arquitectura como un acto de escucha, articulando producción, paisaje y trabajo en un mismo trazo. Su origen responde a una intención clara: rescatar e investigar las raíces agrícolas del valle mediante el cultivo de la uva grenache y otros elementos del territorio, integrando procesos productivos sin perder la relación con el entorno.
Inspirada en formas orgánicas, la planta circular elimina recorridos innecesarios y optimiza cada etapa, desde la recepción de la uva hasta las áreas de crianza y degustación. La circulación se traza mediante un pórtico perimetral que favorece la ventilación cruzada y genera sombra, evocando la serenidad de las arquitecturas del siglo XVI. Ubicada sobre la Ruta del Vino en Ensenada, el conjunto convive con cultivos de lavanda, naranjos y olivos, así como con la producción de aceites y fragancias derivadas del olivo. Con una superficie de 1,963 m², la estructura se compone de 12 muros trapezoidales de concreto reforzado y bóvedas que responden a la geometría radial. Cada muro delimita un espacio del programa: salas de degustación, áreas de fermentación y embotellado, barricas, laboratorio, producción de aceite de oliva, patio de maniobras y un jardín interior que articula el conjunto. El proyecto promueve una arquitectura que respira con el entorno, equilibrando desarrollo y paisaje. Una pendiente de tierra local cubre parte de la fachada para reducir su impacto visual, mientras que la vegetación endémica reintegra la vinícola a su ecosistema. En el patio central, pavimentado con ladrillos locales, el agua de lluvia se canaliza desde las bóvedas hacia un sistema de infiltración en el subsuelo, reforzando un ciclo de retorno a la tierra. La obra recupera el valor del oficio mediante técnicas artesanales que exaltan las propiedades del concreto. Su disposición radial y el uso de concreto pigmentado generan una identidad coherente con la zona, mientras que la plasticidad del material se funde con la memoria franciscana de las bóvedas, logrando una síntesis entre lo contemporáneo y lo ancestral.
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Cuál ha sido el comentario más inesperado que un cliente ha hecho sobre tu trabajo?
“Me gusta que veas a México competitivo a nivel global y no sólo regional”.
Si tu estilo de diseño fuera una película, ¿cuál sería?
Podria ser “Las alas del deseo” de Wim Wenders. Porque, igual que en esa película, para mí la ciudad no es escenografía, es protagonista; me interesa la dimensión espiritual de lo cotidiano sin volverla mística; no quiero borrar las cicatrices, sino resignificarlas. Y creo en la imaginación y la empatía como formas
de reparar una ciudad rota.
¿Recuerdas un espacio —público o privado— que guardes con especial cariño y cómo influyó en tu manera de diseñar0?
Sí, recuerdo uno con muchísimo cariño. El Teshima Art Museum del arquitecto Ryue Nishizawa para el Artista Rei Naito, al que fui con mi hija en un viaje a Japón. Llegar ahí ya es una experiencia. Caminas entre campos y colinas hasta que aparece esta “gota” de concreto casi fundida con el paisaje. La Matrix de Rei
Naito es una pieza mágica. Hay agua que se mueve lentamente sobre el piso, luz que entra por las aperturas, viento que entra y sale, y un silencio que te obliga a bajar la velocidad. Ese lugar influyó mucho en mi manera de diseñar. Me recordó que no todo tiene que estar lleno de función y de discurso. Que un espacio puede sostenerte sólo con atmósfera, con una relación profunda entre cuerpo, clima y paisaje.
Imagina que puedes invitar a cualquier personaje histórico o contemporáneo a cenar en uno de tus proyectos; ¿a quién elegirías y en qué espacio?
Invitaría al filósofo Byung-Chul Han a cenar en la explanada de Foro Boca, viendo el mar al atardecer. Me gustaría sentarlo ahí, entre la sala de conciertos y el malecón, y preguntarle si un lugar así puede realmente ir en contra de la “sociedad del cansancio” de la que él habla. Foro Boca intenta justo eso: crear pausa, ritual, encuentro y profundidad en medio del ruido.
¿Hay algún objeto o detalle que suele aparecer en tus proyectos, aunque no lo planees?
Más que un objeto físico, lo que siempre aparece, aunque no lo planee, es la gratitud como forma de pensar los proyectos. Gratitud hacia el lugar: intentar leer su historia antes de imponer la mía. Gratitud hacia la gente que lo construye:
visibilizar a los trabajadores, cuidar el lo que pasa mientras se construye, pensar en el mantenimiento. Gratitud hacia quienes lo van a usar: regalar sombra, bancas, recorridos claros, espacios que se puedan habitar sin tener que consumir nada.
De los materiales con los que trabajas, ¿cuál representa el mayor reto?
Hoy diseñamos con la mente abierta a aprender de la comunidad que nos recibe: su mano de obra, sus oficios, sus técnicas constructivas, su relación con el clima y con el paisaje. Ahí empiezan los verdaderos desafíos. A veces el reto es el concreto y su carga simbólica, otras la madera y su mantenimiento, otras la piedra y la forma en que se extrae y se coloca. Lo difícil no es sólo dominar la técnica, sino entender qué significa ese material para la gente del lugar y cómo podemos usarlo de forma responsable, digna y contemporánea, sin borrar su historia. Por eso no nos gusta “casarnos” con ningún material. El mayor reto es mantenerse abierto y dispuesto a aprender y explorar lo que se require en cada proyecto.
¿En qué momento del día encuentras tu mejor inspiración?
Depende mucho, pero aunque suene a cliché, los mejores momentos son o muy temprano en la mañana, cuando la ciudad todavía está medio dormida. Ahí mi cabeza está más clara, sin tanta información encima, y puedo escribir, dibujar y conectar ideas con más profundidad. O muy tarde en la noche, cuando ya pasó todo el ruido del día. Ahí no estoy pensando en resolver nada urgente y aparecen asociaciones más raras, más libres.



