Diseñador industrial mexicano con 30 años de trayectoria dedicada a la sustentabilidad aplicada, entendida como un motor para generar impacto social y ambiental. Emiliano Godoy es socio fundador de Tuux y Vissio, y Maestro en Diseño Industrial por el Pratt Institute. Ha combinado la práctica profesional con una sólida carrera académica y es consejero de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño del Tecnológico de Monterrey. Su trabajo ha sido reconocido internacionalmente con ingresos a colecciones permanentes como el MoMA —con la Knit Chair— y el Cooper Hewitt Smithsonian Design Museum, donde se resguardan sus piezas Pizzelle, Pedro y Pablo.
VISIÓN DEL DISEÑO
Espacio Lúdico Ambiental La Ribereña, diseñado por Tuux en colaboración con Km25 Arquitectura y Ulrich Santa María.
Fotografía: Jaime Navarro.
La trayectoria de Emiliano Godoy parte de una convicción constante: el diseño tiene la capacidad de cuestionar, ordenar y transformar. Esa línea se define con claridad en su libro El ABC del Diseño, primera revisión monográfica de su pensamiento. A través de un abecedario construido desde su experiencia, el libro revisa tres décadas de decisiones técnicas y éticas que han guiado su práctica. Más que un registro de proyectos, funciona como un compendio crítico sobre ecología, fabricación y responsabilidad. John Thackara lo describe como “realista, pero nunca derrotista”, mientras que Renata Fenton destaca su mezcla de teoría y experiencia directa. La obra confirma una postura: diseñar implica entender consecuencias, no sólo resultados. Esa precisión conceptual también estructura la colección JYM para Urrea. Con un lenguaje geométrico elemental, la línea articula monomandos y accesorios bajo proporciones claras y un código visual coherente. Las piezas abren en frío, favoreciendo un uso responsable del agua y del consumo energético.
La colección funciona como un sistema arquitectónico más que como un conjunto de objetos, y extiende una de las preocupaciones centrales de Godoy: incorporar decisiones de bajo impacto que puedan integrarse de forma cotidiana, accesible y replicable. Su atención al territorio y a lo público se manifiesta en el Espacio Lúdico Ambiental “La Ribereña”, en Tlaxcala. El proyecto integra una macro maqueta hidráulica, un área de juegos y un sistema de mamparas que explican la geografía, la historia y la ecología del río Zahuapan. La maqueta reproduce la cuenca del alto Atoyac y convierte el jardín en un espacio de exploración activa, mientras que los juegos —inspirados en referentes tlaxcaltecas y prehispánicos— aportan identidad y narrativa. Las mamparas distribuyen información a lo largo del recorrido, reforzando el carácter educativo y comunitario del proyecto. Aquí, el agua, la técnica y el aprendizaje forman un mismo gesto de recuperación ambiental.
En el Museo Carrillo Gil, el mobiliario diseñado para el Espacio MACG aborda otra escala del diseño. Las mesas geométricas, fabricadas en contrachapado de abedul y tableros de plástico reciclado post-consumo, permiten múltiples configuraciones y pueden funcionar como divisiones o elementos escenográficos. El conjunto se completa con sillas, bancas y piezas infantiles, todas bajo un lenguaje racional que dialoga con la arquitectura modernista del museo. La propuesta enfatiza flexibilidad, claridad y honestidad material: atributos constantes en la obra del diseñador. En conjunto, estos proyectos delinean una práctica sostenida por rigor técnico y un compromiso ambiental tangible. Cada pieza —libro, colección, espacio público o sistema de mobiliario— responde a una misma pregunta: qué puede aportar el diseño a las personas, al territorio y a los procesos que los sostienen. La obra de Emiliano Godoy no busca producir más, sino producir con sentido. Su práctica confirma que el diseño adquiere relevancia cuando asume su impacto y propone alternativas claras para un futuro más consciente.
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¿Cuál ha sido el comentario más inesperado que un cliente ha hecho sobre tu trabajo?
“¿Y si sabías que iba a funcionar así?”.
Si tu estilo de diseño fuera una película, ¿cuál sería?
“El Castillo Vagabundo”.
¿Recuerdas un espacio —público o privado— que guardes con especial cariño y cómo influyó en tu manera de diseñar?
Arcosanti, de Paolo Soleri.
Imagina que puedes invitar a cualquier personaje histórico o contemporáneo a cenar en uno de tus proyectos; ¿a quién elegirías y en qué espacio?
Max Liboiron, en el Espacio MACG.
¿Hay algún objeto o detalle que suele aparecer en tus proyectos, aunque no lo planees?
Madera de teca.
De los materiales con los que trabajas,¿cuál representa el mayor reto?
El concreto, porque siempre aparece aun cuando intentamos eliminarlo por su enorme impacto ambiental.
¿En qué momento del día encuentras tu mejor inspiración?
En los momentos de silencio.
Cuando alguien habita uno de tus proyectos, ¿qué emoción te interesa despertar?
Depende del proyecto, pero en general pienso que calma o tranquilidad.
Cuéntanos sobre un proyecto que aún no existe, pero sueñas con diseñar algún día.
Un edificio público de cuartos de ensayo y grabación de música.
¿Qué elemento mexicano has incorporado en un proyecto y qué significado tuvo para ti?
La piedra volcánica para la fabricación de moldes para soplado de vidrio. Un material local con nuevas posibilidades formales y menor carga energética.
Piensa en un desafío importante de tu trayectoria profesional;
¿qué aprendizaje dejó?
Mis primeros dos proyectos: el primero resultó en montañas de basura y, con ese aprendizaje, el siguiente lo diseñamos junto con Luis Mercado para el reúso y para no generar desechos. Ahí entendí, al inicio de mi carrera, que las decisiones de diseño sí tienen un papel en determinar el impacto ambiental y social de un proyecto.
Si tu estilo pudiera convertirse en un platillo o una canción, ¿cuál sería?
“Buffalo Soldier”.



