Arquitecto, diseñador y agente de cambio socioambiental, Adán Cárabes entiende la arquitectura como un acto de regeneración. Desde su infancia —dividida entre la Ciudad de México, Michoacán y Guerrero— desarrolló una sensibilidad por la naturaleza, la materia y el color que hoy define su práctica. Graduado con honores de Arquitectura por la Universidad La Salle, su trayectoria comenzó con una etapa marcada por el arte y la danza, como integrante de la Compañía Nacional de Danza Folklórica de México, experiencia que transformó su manera de concebir el espacio y el movimiento. A lo largo de su carrera ha desarrollado proyectos residenciales, gastronómicos y de hospitalidad que reflejan una visión sensible, técnica y profundamente
humana.
En 2018 fundó Proyectos Paraíso, una práctica de arquitectura integral regenerativa que combina diseño, sostenibilidad y conciencia ambiental. Más que un despacho, representa una filosofía con una misión clara: crear belleza, bienestar y regeneración para las personas y para la Tierra misma.
UN REFUGIO REGENERATIVO EN EL CARIBE
Casa Manta Raya es un proyecto integral de Proyectos Paraíso, estudio liderado por Adán Cárabes, donde la arquitectura se concibe como un acto de regeneración. Ubicado entre el mar Caribe de Cozumel y el Club de Yates de Fonatur, el proyecto despliega la visión camaleónica del estudio: arquitectura interior, mobiliario, carpintería, iluminación, acabados, arte, estilismo y atmósferas concebidas como un solo sistema. La relación estrecha entre el equipo y los clientes —a quienes llama amigos— permitió construir un programa claro y un diagrama de flujo íntimo, donde cada espacio responde a formas personales de vivir.
Proyecto arquitectónico, paisajismo y
diseño de interiores: Proyectos Paraíso.
@proyectosparaiso
Construcción: RA! arquitectos.
Ubicación: Seaside Fonatur Cozumel.
Año: 2025. Área construida: 270 m2.
Muebles de baño y grifería: Porcelanosa.
Fotografía: Alfonso de Béjar.
La selección de materiales refleja el compromiso del estudio con la sostenibilidad: mármol travertino, conchuela y chukum junto con recubrimientos interiores con NanoCal, un bioacabado que contribuye a la salud y al confort. La iluminación arquitectónica incorpora piezas diseñadas por Adán en colaboración con artesanos como Carlos Martínez y la firma local Kukul, fortaleciendo economías de la región. Toda la carpintería y el mobiliario se desarrollaron en conjunto con el Taller de Carpintería Pérez, de Tixkokob, Yucatán, utilizando madera de cedro libre de químicos y acabada a mano con cera de abeja melipona. La gran mesa de parota, intervenida por Cárabes, conserva la grieta natural de la pieza como gesto artístico, alojando un bodegón vivo de cactáceas y crasuláceas. Los muebles sueltos continúan esta línea: telas certificadas, fibras naturales y maderas trabajadas con técnicas tradicionales del sureste.
El acceso revela el corazón de la casa: cocina y family room en torno a un jardín interior que funciona como un pequeño Edén. La estancia, abierta al Caribe, combina un sofá inspirado en el lenguaje náutico con sillones que reinterpretan grecas mayas y piezas talladas en zapote y parota recuperada. Una fotografía de gran formato —un leopardo, obra del propietario— dialoga simbólicamente con el imaginario del jaguar yucateco.
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¿Cuál ha sido el comentario más inesperado que un cliente ha hecho sobre tu trabajo?
“Tú no eres arquitecto, eres un mago de los espacios”.
Si tu estilo de diseño fuera una película, ¿cuál sería?
“El viaje de Chihiro”.
¿Recuerdas un espacio —público o privado— que guardes con especial cariño y cómo influyó en tu manera de diseñar?
El plan maestro regenerativo que diseñé como proyecto de titulación en la Maestría en Sostenibilidad y Regeneración. Es una casa insertada entre peñas, dentro de la Sierra del Chichinautzin, entre la Ciudad de México y Cuernavaca. Este proyecto —actualmente en construcción— me abrió la puerta a un conocimiento más profundo sobre cómo leer la tierra, los elementos y aplicar todo lo que aprendí en mi primera etapa como arquitecto e interiorista.
Imagina que puedes invitar a cualquier personaje histórico o contemporáneo a cenar en uno de tus proyectos; ¿a quién elegirías y en qué espacio?
Invitaría a Miguel Ángel Buonarroti a cenar en “El Copal”, restaurante que forma parte del plan maestro del Hotel Casa Sal, en la costa oaxaqueña.
¿Hay algún objeto o detalle que suele aparecer en tus proyectos, aunque no lo planees?
Los círculos. Siempre hay formas circulares, ya sea en un espacio arquitectónico o en un cuadro. Pienso que todo lo que representa la vida es circular.
De los materiales con los que trabajas, ¿cuál representa el mayor reto?
Hoy por hoy, la tierra como material. Estoy aprendiendo a usarla en todo.
¿En qué momento del día encuentras tu mejor inspiración?
Mientras duermo, sueño mis proyectos y sus soluciones. También cuando corro, aparecen en mi mente las imágenes de los espacios que estoy diseñando en el escritorio.
Cuando alguien habita uno de tus proyectos, ¿qué emoción te interesa despertar?
El bienestar, la alegría y la sensualidad. Cuando diseño casas y hoteles siempre pienso que ahí se van a hacer muchos niños (jejeje).
Cuéntanos sobre un proyecto que aún no existe, pero sueñas con diseñar algún día.
Sueño con diseñar una aldea y una ciudad del futuro donde haya igualdad, soberanía alimentaria, energética y social.
¿Qué elemento mexicano has incorporado en un proyecto y qué significado tuvo para ti?
El diseño del tapete “Zapata in Love” para The Rug Company, una reinterpretación de la icónica foto de Zapata del Archivo Casasola. Ese proyecto marcó mi entrada al mundo del diseño en México.
Piensa en un desafío importante de tu trayectoria profesional; ¿qué aprendizaje dejó?
Creer que ya lo sabía todo. Ese pensamiento me llevó a entender que el aprendizaje continuo me mantiene fresco y humilde.
Si tu estilo pudiera convertirse en un platillo o una canción, ¿cuál sería?
Un chile en nogada acompañado de un buen mezcal “Papalotl”.



