Cuando la cocina colinda con otros espacios de la casa, su relación con las áreas sociales puede resolverse de distintas maneras. Puertas corredizas, elementos divisorios e incluso una apertura total permiten definir qué tan conectada estará con el resto de la vivienda, dependiendo del espacio y del carácter que se quiera dar al ambiente.
1. Las puertas corredizas permiten privatizar la cocina
Cuando la cocina colinda especialmente con la sala o el comedor formal, una opción es separarla mediante puertas corredizas. Estas pueden ser de madera, cristal, aluminio o herrería, e incluso combinar distintos materiales. Además de permitir privatizar el espacio, pueden recorrerse cuando se busca integrar nuevamente la cocina con las áreas sociales.
2. La iluminación también puede destacar los elementos de la cocina
La iluminación puede ubicarse estratégicamente para dotar de luz a la zona de trabajo y también para hacer destacar elementos específicos. En el interior de una vitrina, por ejemplo, puede utilizarse para hacer lucir la cristalería y las vajillas.
3. Una división sutil puede funcionar en espacios reducidos
Cuando el espacio es reducido, privatizar la cocina no necesariamente requiere cerrarla por completo. Una pared de cerámica puede separar la cocina del resto de la casa, permitir el paso de la luz y, al mismo tiempo, aportar carácter como elemento escultórico y servir de remate al momento de ingresar a la vivienda.
4. Una cocina abierta puede convertirse en el centro de reunión
No todas las cocinas necesitan separarse de los espacios sociales. En muchas casas de verano permanecen completamente abiertas para transmitir una sensación de apertura y relajación. En estos casos, la cocina adquiere un papel importante dentro de la vivienda y puede convertirse incluso en el centro de reunión mientras se preparan los alimentos.





