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EL PASADO MUY PRESENTE

Diseño de interiores: Workshop, Diseño y Construcción. @workshop_arquitectos
Equipo: Arq. Francisco Bernés Aranda, Arq.Fabián Gutiérrez Cetina, Arq. Isabel Bargas Cicero, Ing. Alejandro Bargas Cicero.
Ubicación: Mérida, Yucatán.
Año: 2021.
Área construida: 315 m2.
Mosaicos de pasta: Pisos y Mosaicos La Peninsular.
Fotografía: Tamara Uribe.

Casa Houlpoch es una antigua casona yucateca de finales del siglo XIX que obtiene su nombre por una serpiente de la región que “visitaba” regularmente las ruinas de la propiedad.

Detrás de su fachada, esta vivienda alberga cuatro habitaciones y un departamento tipo estudio, con un total de 315 metros cuadrados de construcción.

Al acceder al recibidor, nos da la bienvenida una antigua lámpara de hierro fundido (muy común de observar en las casonas decimonónicas de la ciudad) que cuelga de las vigas metálicas originales y que junto con las viguetillas de madera en color blanco engalanan los altos techos de la residencia.

La sala, en tonos pasteles, cuenta con mobiliario moderno y casual, integrando vegetación y obras de arte, como un juguetón Timoteo en la mesa central y un cuadro de Pedro Friedeberg sobre el sofá, que corona el espacio. El tapete de mosaicos de pasta en color gris es rodeado por un borde de piso en color blanco antiguo que se une a la cocina y al comedor, a través de tres antiguas puertas que fueron reutilizadas tal cual se encontraron, conservando su carácter y su valor histórico.

La cocina, con recubrimientos en pasta y cuarzo, cuenta con una reinterpretación de las antiguas campanas yucatecas sobre la estufa. Las lámparas colgantes, de Axoque Studio, armonizan el espacio y se integran al mobiliario de madera como los bancos de tzalam y el comedor traído de Mozambique, país donde residieron los propietarios neerlandeses antes de establecerse en la península yucateca.

El comedor se conecta a la terraza por medio de un ventanal, generando una sensación de amplitud y claridad donde las visuales se fugan hacia los exteriores. Es en este último espacio donde por medio de la decoración y el mobiliario, convergen las tres culturas con las que se identifican los propietarios: la mesa, su centro de mesa y el tambor fueron traídos desde Mozambique, así como los patrones en tela que envuelven dos sillas Utrecht del diseñador y arquitecto neerlandés Gerrit Rietvelt.

Sobre el sofá descansa un cuadro del artista mexicano Fernando Andriacci y del lado opuesto destaca como elemento decorativo una cabeza de vaca adornada con cuentas del arte huichol y, justo debajo, una tradicional bicicleta holandesa con los colores de la Prinsenvlag.

En el patio central, una piscina de chukum rodea los vestigios en piedra de una antigua estructura colonial donde un gran árbol de álamo genera con su fronda un espectacular juego de luces y sombras, creando la atmósfera perfecta para albergar una cocina al aire libre.

La parte pública y privada de la casa se conectan simbólicamente por medio de la barda perimetral que juega con dos texturas diferentes; por un lado, tenemos la albarrada de piedra original en la parte inferior, y en la parte superior un muro nuevo con acabado de chukum, enlazando el pasado con el presente.

La volumetría de la parte posterior de la propiedad se lee como un diseño totalmente disruptivo con respecto a la parte histórica de la residencia cuyos los escalones al segundo nivel (donde se encuentran dos habitaciones y una terraza) fungen como eje visual y como elemento escultórico, convirtiéndose en el sello distintivo de su arquitectura por su dinamismo.

El “serpenteo” con el que inician las escaleras de Casa Houlpoch toma como inspiración la milenaria escalinata del antiguo templo de Kukulkán (Serpiente Emplumada), dios de la mitología maya, en Chichén Itzá, donde en cada equinoccio se puede observar cómo la deidad (formada por efectos de la luz y la sombra que se genera), desciende desde la parte superior del templo.

Con un diseño mucho más sencillo, la recámara principal en el primer nivel, cuenta con una cabecera hecha de pisos de pasta sobre la cual descansa un cuadro de Neon Caron. Las visuales desde la cama se fugan hacia los exteriores gracias al uso de ventanales en dos extremos opuestos del espacio, el primero con vista a un jardín interior y el segundo que se oculta por completo en los muros, con vista a la alberca y a los jardines tropicales.

En Casa Houlpoch se busca respetar y rescatar los valores históricos de la arquitectura yucateca, combinándolos con detalles y volumetrías contemporáneas; y con las comodidades de la vida actual, de una manera reinterpretativa, pura y sobria, creando diferentes atmósferas para relajarse, para convivir y para disfrutar de los exteriores en el cálido clima peninsular.

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