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Un lienzo de contrastes

La Casa Jerbana puede ser calificada como una “casona contemporánea”, ya que por su extensión, amplios espacios y diversidad programática oscila desde la intimidad familiar hasta lo social y recreativo, pasando por las variadas aficiones personales de sus propietarios.

Al ser éste un encargo poco convencional por la extensión del programa de necesidades a satisfacer, el diseño de la Casa Jerbana presentó un complejo reto a solucionar. Para poder organizar y articular la gran riqueza programática que fue solicitada por los dueños, se decidió que la mejor forma de abordarlo era empacando de manera simple y clara los pilares del programa, los cuales se agruparon en dos grandes categorías, de manera que le permita a los habitantes satisfacer sus variadas necesidades de la forma más sencilla, flexible e intuitiva posible.

El proyecto se sitúa dentro de un extenso y exclusivo desarrollo residencial anclado en un campo de golf sobre una planicie en uno de los puntos más altos de la cuidad que circunda al este del Centro Histórico. El clima en esta zona es semidesértico, los vientos dominantes viajan de noreste a suroeste, y la topografía del sitio es plana con un tipo de suelo rocoso muy estable.

Para poder organizar el amplio programa que cada uno de estos dos pilares (familiar y recreativo-social) contienen, se decidió abordarlos y entenderlos como dos polos extremos, los cuales gozan de autonomía, pero son complementarios. El polo familiar se asocia con el polo sur del predio, en donde las orientaciones sur y este son óptimas para estas actividades de la vida privada y los espacios íntimos, y por otra parte, el polo recreativo-social, el cual está ubicado en el extremo norte del terreno favoreciendo su orientación de la mano con las vistas potenciales.

Siendo la vista una de las prioridades a cumplir, el trazo del proyecto se inicia situando los dos polos (familiar y recreativo-social) en los extremos opuestos del predio para después unirlos con una línea escalonada que serpentea de norte a sur, dando lugar en sus quiebres a un mayor número de frentes y vistas potenciales que aprovechan al máximo las orientaciones y da cabida a que los espacios se agrupen a manera de “clusters”, en proximidad con su polo de atracción a lo largo de ambos extremos de esta espina dorsal.

Una vez conectados ambos polos por esta sesgada espina, la relación entre ellos empieza a cobrar fuerza a manera de campo magnético, en donde la energía que fluye de un polo a otro delimita en su trayectoria axial el área central entre ellos, dando origen al núcleo de la casa. Este núcleo, transparente al exterior y abierto en tres niveles, es la pieza central, que tectónicamente une, articula y equilibra ambos extremos del programa.

Por otra parte, el trazo de esta espina también favorece la perpendicular de los constantes vientos dominantes de la zona, convirtiéndolos en un atributo más del proyecto. Estos vientos, en su trayectoria, logran penetrar la mayoría de los espacios, refrescándolos y reduciendo el impacto de las altas y constantes temperaturas que dominan la zona alta de la planicie.

Además de convertir los fuertes vientos dominantes en una virtud, la vivienda cuenta con varios patios interiores y jardines verticales que sirven para iluminar, ventilar, refrescar y dotar de vida aquellos espacios íntimos, en donde las circulaciones cruzadas de aire no logran penetrar.

En sección, de abajo hacia arriba en el plano vertical, el proyecto presenta un gradiente que va de lo frío a lo cálido; de lo rugoso a lo terso; de lo amplio a lo acogedor; de la oscuridad a la luz, y a la sombra para definir la transición desde lo público hasta lo íntimo, respectivamente. Esta condición se da mediante la selección de materiales y la porosidad de cada nivel, en donde el sótano se define por la firmeza y fortaleza del concreto sumado a la penumbra; el nivel de acceso, por el mármol y la transparencia, y finalmente, la planta alta, que destaca por la calidez de la madera y las aperturas controladas. Complementario a esta sobria y neutral paleta que define el hilo conductor material de la obra, cada uno de los espacios es dotado de personalidad propia por medio de la presencia de “actores secundarios”, ya sea en la forma de mobiliario, piezas de arte o acabados específicos. De igual manera en planta, las líneas rectas, diagonales y curvas del proyecto, dotan de carácter los espacios y los recorridos, tanto interiores como exteriores de esta multifacética construcción.

Respecto a los componentes específicos del programa, el “polo norte” de la vivienda, definido por el programa recreativo-social, está conformado por un gimnasio, sala de cine, salón de juegos, alberca, biblioteca, bungalow, cava y un despacho. Al centro, el núcleo de la vivienda -extenso y en doble altura- negocia entre ambos polos, albergando el vestíbulo, núcleo de escaleras principales, sala, comedor y terraza; todos ellos contenidos dentro de un amplio espacio abierto a doble altura delimitado por ventanales sin manguetería, que borran los límites entre el espacio interior y exterior, y además, en sus grandes muros y espacios abiertos da pie a infinidad de configuraciones para albergar, de manera permanente o temporal, una de las mayores aficiones de sus habitantes: las artes plásticas. Finalmente, en el extremo sur se ubican los espacios familiares, definidos por la estancia familiar y la cocina; las habitaciones en la planta alta, y las recámaras y zonas de servicio en el nivel de sótano comunicados por su propio núcleo de circulación vertical.

La iluminación natural de la residencia está basada en las orientaciones y de acuerdo con la condición lumínica con la que cada uno de los espacios debe contar para funcionar de manera óptima y proporcionar una atmósfera agradable. Algo semejante sucede con la iluminación artificial, solamente que a diferencia de la natural, la mayoría de los elementos que suministran luz a los espacios son independientes como lámparas de piso, de mesa o colgantes.

Diseño: Reims Arquitectura / Eduardo y Jorge Reims.
Interiores: Santiago Hernández Matos, Axel Duhart, Reims Arquitectura.
Fotografía: Ricardo Janet
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