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Casa del limonero

Una vivienda que respeta el entorno, atrapa el paisaje y dialoga con la escala humana y el sentido espacial.

Una vivienda unifamiliar que se desarrolla en dos plantas; compositivamente se divide en dos secciones bien claras: la primera zona, donde se encuentra el acceso principal desde la calle y que es ocupada por la construcción preexistente, y una posterior, que es ocupada por las recámaras y el patio central.

La segunda parte tiene diferentes cometidos: terraza, piscina y conexiones con el nuevo edificio, aunque también cumple una función distribuidora, pues además de albergar el arranque de la escalera, permite el acceso a las recámaras posteriores.

La escalera y su triple función, que además de ser el acceso a la planta superior, funge como área de servicio y como plus tiene la fuerza formal de ser un elemento escultórico dentro del patio central. El rescate y rehabilitación del edificio preexistente buscó crear una fusión entre el espacio histórico y el nuevo de una manera natural. La iluminación y la ventilación son factores primordiales para crear atmósferas de disfrute y confort a los usuarios. Una vivienda vinculada totalmente al exterior, logrando espacios que se enriquecieran de la estética de todos los materiales y aprovechando al máximo los sistemas de acondicionamiento pasivo para reducir los gastos energéticos en la vivienda. Se retoma el concepto tradicional y se traspola a un diseño actual. Tanto en la parte antigua como en la parte nueva se utilizaron sistemas constructivos semejantes con un limitado número de materiales, siendo los predominantes: piedra, madera, pisos de pasta tradicionales, metal y cemento blanco para el recubrimiento de muros. Las casas tradicionales del Centro Histórico de Mérida usaban en el pasado pisos de cemento, pero en forma de mosaicos con gran colorido y diversos diseños, formando tapetes en los espacios y marcando una pauta en la decoración de cada habitación. La propuesta actual retoma el material y el concepto, pero se transforma en grandes superficies de cemento blanco y otras con pigmento mineral verde integrado, definiendo fuertemente la paleta de colores que se convierte en uno de los rasgos característicos de la casa.

La fusión del carácter histórico del edificio y la arquitectura contemporánea crean una amalgama perfecta y armoniosa, permitiendo un lenguaje claro y sobrio que admite la incorporación de elementos funcionales y, a la vez, formalmente únicos, que realzan el material con que se elaboraron sin dejar de ser ajenos a nuestro contexto natural y las grandes posibilidades que éste nos proporciona a través de su correcto aprovechamiento.

Técnicas tradicionales y materiales regionales dejan entre dicho la composición espacial y estética del proyecto, y permiten ver la mano de obra de los constructores que fabrican nuestra identidad.

Arquitectura: Taller Estilo Arquitectura, Arqto. Víctor Alejandro Cruz Domínguez,
Arqto. Iván Atahualpa Hernández Salazar, Arqto. Luis Armando Estrada Aguilar.
Fotografía: david cervera
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